Le sacan brillo a los vitrales de la Basílica

Fotos: Ana Guerrero

Tomado de Ultimas Noticias

 

Como rompecabezas, una a una, las piezas de los vitrales de la Basílica del Voto Nacional se retiran, restauran, refuerzan, reponen y conservan. En un trabajo que se realiza con pinzas y los encargados son profesionales capos.

 

Son alrededor de 60 vitrales que se intervendrán en una primera fase (hay más de 100). De entrada, tome en cuenta que cada uno tiene 21 cuadrantes y se están desmontando, en promedio, dos por cada obra.
 
Por cada cuadrante hay, bajito, 100 vidrios y en el equipo encargado de sacarles brillo están restauradores, un vitralista y auxiliares. El duro de los cristales es José Jaramillo, con 18 años de trayectoria.
 
José confiesa que, entre tanto sube y baja de los andamios instalados en la Basílica, ya perdió el miedo a las alturas. Y verá que es cosa seria, porque ascienden hasta 40 metros.

 

 

El taller se instaló en el área del coro en la iglesia.
 

El taller se instaló en el área del coro en la iglesia.

Hace la revelación bien arriesgado. No ve que uno de los requisitos para entrarle a los trabajos en el templo fue no temblar en las alturas.
 
Entre los profesionales sin miedo a andar por lo alto, que devuelven el color y la luz a los vitrales, además de José, están Evelyn Mena, Joseph Guachamín y Víctor Ordóñez (restauradores), entre otros.
 
Como anécdota, los miembros del equipo recuerdan que les tocó enfrentar tucos aguaceros. Como los trabajos comenzaron en diciembre y hacían base en el exterior del templo, en varias ocasiones, les tocó correr en plena granizada.
 
Actualmente, el equipo trabaja, además de sobre los andamios, en un taller instalado a un ladito del coro de la iglesia. En este espacio, delimitado por una lona verde, todos coinciden en que las jornadas diarias, además de lograr guapear los vidrios de colores, son de aprendizaje conjunto.

 

Se trabaja con las seguridades respectivas.

 

Se trabaja con las seguridades respectivas.

 

Evelyn cuenta que es la primera vez que los restauradores del equipo trabajan sobre vidrio y se anima a decir que es la primera intervención de este tipo en el patrimonio de Quito. José ha sido tremendo apoyo en este sentido.
 
Eso sí, solo se sacan los cuadrantes que necesiten arreglo, al resto le dan la respectiva mano de gato. Los trabajos en cada uno toman alrededor de tres días. Ya van seis vitrales relucientes, irá nomás a chequear. Entre las tareas está cambiar las cañuelas (varillas donde se encaja las piezas de vidrio).
 
El equipo también está encargado de la reposición de partes faltantes en los vitrales. Con decirle que en algunos se topó con que se repusieron piezas con vidrio común y silvestre.
 
Ese panorama está cambiando y el plazo para hacerlo del todo (contando desde diciembre) es de 240 días. De paso, el vitralista ya anda poniendo el ojo en espacios ‘huecos’ del templo, donde en un futuro prevé plantear la elaboración de nuevas obras.

 

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